Os voy a confesar un secreto, porque estoy feliz, y porque me apetece. Tengo el ego por las nubes y aún no encuentro a los culpables, pero tampoco los busco. Tengo manías, defectos, mellas que no se ven pero han hecho brechas por dentro. Pero también tengo sonrisas intercontinentales y del terruño, un brillo en los ojos que nadie nunca podrá robarme, sueños imposibles que sé convertiré en realidad algún día, paranoias, cinco voces en la cabeza, una imaginación desbocada, triglosismo agravándose por momentos y dejavús olfativos.
Si me dicen que "estoy guapa" yo les digo que "siempre lo he sido y cada día más ¡y mejor!". Si me preguntan por qué sonrío les contesto que son ellos quienes ellos me dan motivos. Y, sí, me hablo en el espejo cada mañana para decirme lo mucho que me merezco ser feliz y que hoy podría ser el mejor día de mi vida. Y lo cierto es que no me equivoco, cada uno de esos guiños desemboca en un día perfecto que termina cuando me voy a la cama con una sonrisa en los labios.
Podéis considerarlo infantil, ingénuo, de chalados, pero a mi me funciona, y eso es lo que cuenta. Os invito a compartir el secreto, a miraros a los ojos al amanecer y deciros que a pesar de todo sólo vosotros decidís como os váis a enfrentar a la puta vida. Yo he elegido hacerlo sonriéndole con todos los dientes, no rindiéndome, mandando las convenciones a tomar por saco y sabiendo que me merezco todo lo bueno que me pasa (y puede que también lo malo). Y no va a ser hoy el día en que deje que alguien me diga que no puedo vivir así. Hoy no :)
Me alegro que hayas escrito esto porque me has hecho pasar un momento alegre leyéndote, gracias, lo necesitaba.
ResponderSuprimirOle! Total, vida solo tenemos una como para estar cabreados o tristes más allá de lo estrictamente necesario.
ResponderSuprimirMe alegra un montón esa actitud... debe ser contagioso :D.
Un abrazo!