Hoy he recibido una postal que sabía que acabaría llegando tarde o temprano. Lo que no sabía es cómo iba a enfrentarme a ella, qué iba a sentir al leerla. Como era de esperar afloró una sonrisa absurda y empezaron a llegar recuerdos que aún no he sido capaz de archivar de manera coherente.
Pero lo más importante de haber recibido esta postal no es ni tan siquiera el remitente, sino el hecho de que al leerla por segunda vez recordé la promesa que hice hace seis meses. Sé que, como bien dice Sabina, las mejores promesas son aquellas que no hay que cumplir, pero en este caso prefiero seguir el manual e intentar llevarla a cabo. No porque se trate de un desembolso económico -de hecho considero que no he quedado a deber nada- ni porque tenga que devolver un favor impagable. No. Se trata, por mucho que aquella mañana no lo pareciera, de una promesa conmigo misma. Una promesa que comenzó con el cierre de una puerta en Escandinavia, tres maletas de vuelta a España y desembocó en muchas otras aventuras.
Ese "voy a ser fuerte" que empezó casi como un mantra en noches de desvelo compartidas se convirtió con el tiempo en algo que no tenía nada que ver, ni remotamente, con su origen. Es algo más que un propósito, es algo más que una frase hecha, es una forma de vida. Ahora mismo, "ser fuerte", implica no rendirme, no dejar de pensar que puedo conseguir lo que sea si lo intento con todas mis fuerzas. Y sobre todo, antes que cualquier otra cosa, significa no perder la ilusión, no dejar que nada ni nadie me diga que solo porque no entra dentro de la norma no se puede hacer como yo lo intento. Llorar cuando quiera llorar, reír cuando me apetezca reir y mandar a tomar por saco todo aquello que me hace daño y ni a corto, medio ni largo plazo me reporta ningún bien.
Lo dije hace seis meses y lo repito ahora, voy a ser fuerte. Voy a dejar que las cosas sucedan cuando tengan que suceder y mientras tanto voy a sacar lo mejor de todo lo que me encuentre en el camino. Voy a aprender de toda persona con la que me cruce y voy a hacerlo sin perder la sonrisa. En lo que queda de 2011 y en todo lo que está por venir en el futuro.
Todo lo bueno cuesta mucho, ya cuentas con seis meses por delante en el propósito...
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