A título completamente personal, no soporto las etiquetas, y menos cuando se aplican a personas. Es cierto que desde que nacemos los humanos tendemos a usar la palabra como herramienta clave para definir nuestro mundo y nuestra manera de entenderlo, pero cuando nuestra pasión por la clasificación llega al límite de etiquetar personas, la cosa se pone fea.
Cuando hablamos de personas les solemos cargar calificativos de todo tipo, muchas de las veces asociados con sus gustos, su estilo, o su condición física. Más que una calificación objetiva, tal apego a las definiciones se ha convertido casi en un insulto. No se trata ya de ser "alto" o "bajo". Las cosas han ido desde siempre más allá y todos de una forma u otra hemos sufrido las consecuencias. Al "listo" por ser listo, y al "tonto" por no destacar en lo académico. A la "patosa", al "musculitos", a los "populares" y a los "empollones" (Y esos son solo los que se me ocurren revisitando mi pasado adolescente no tan lejano).
Estos días, hablando con diferentes amigos y compañeros, me he dado cuenta de que el extremo ha llegado ya a condicionar como nos comportamos para evitar caer en las garras de los "etiquetadores" (que incluso podemos ser nosotros mismos). De un tiempo a esta parte un complemento, una prenda de ropa o incluso un gusto (sea musical, cinematográfico o literario) nos define en una categoría estanca. ¿Dónde ha quedado el sitio de los que evolucionan día a día, construyéndose a si mismos en cada decisión? La mañana que uno deja de escuchar "Imagine" de John Lennon y se decanta por U2, ¿deja de ser hippie?
Conozco gente, entre las que a veces confieso incluirme, que por el hecho de evitar ser etiquetada ha evitado mostrar publicamente parte de su personalidad, por mucho que esta fuera la predominante. Y considero esta una reacción comprensible, a todos nos encanta encajar, y si para ello hemos de llevar un letrerito que diga "hippie", "gótico", "empollón" o "moderno", claudicamos y lo hacemos de cuando en cuando. Pero eso no significa que nos guste, o que esa palabra escogida por otros pueda definirnos como seres humanos. Existe también el otro polo, el que directamente se arma del estilo, gadget o imagen externa necesaria para coincidir en ese grupo, lo cual empieza a preocuparme cuanto más miro a mi alrededor.
Pero por ahora, y porque sin etiquetas o con ellas, lo importante es reirse de uno mismo, yo asumo mis diopotrías y mis desviaciones con humor:
..Al pasar la barca me dijo el barquero, "las niñas modernas no pagan dinero",
yo no soy moderna ni lo quiero ser...

Me ha hecho gracia lo de las dioptrias... ayer fui al oculista y me dijeron que voy a tener que llevar gafas por miopía (en uno no tengo nada y en el otro 0.75... que no es mucho, pero haré caso al profesional).
ResponderSuprimirUno de mis amigos me ha dicho que así voy a perder cualquier rasgo sexy que pudiera tener. Challenge Accepted. Estoy preparando un post sobre el tema...
Se que tu post tiene mucha más miga, pero es que es me ha parecido curiosa la casualidad.
Un abrazo!
Vive y deja vivir, eso sería lo ideal.
ResponderSuprimirpero desgraciadamente mucha gente (aunque no toda) se mete con la gente...