viernes, 17 de febrero de 2012

Motivaciones personales

La verdad por delante, no soy una persona perfecta. 
Estoy muy lejos de serlo. Tengo cientos de defectos, contando solo los que ya conozco. No me callo ni dormida, a veces soy una Wikipedia con patas, tengo unos principios morales que cambian cada día y se adaptan a lo que mejor me conviene, soy abogada de causas pobres, hago gala de un humor negro que a veces ni yo misma entiendo. Puedo pasarme semanas aislada en mi misma porque considero que el 99% por  ciento de la humanidad no merece  mi tiempo. Me marco retos que solo yo comprendo. Puedo ser huraña y violenta o estar llena de sangre fría y veneno. Me importa menos que nada lo que piensen los demás y si  me lo preguntan se lo digo a la cara.  Una joya de la corona, vamos. 

Sin embargo, estos días me he estado planteando muchas cosas, especialmente sobre lo quiero hacer, en qué quiero convertirme y más que nada, qué precio estoy dispuesta a pagar por ello. ¿Estoy dispuesta a seguir las pautas que la sociedad en que vivo marca? ¿Voy a dejar de comportarme como creo que debo hacerlo solo porque eso no es lo que se espera de mi? ¿Evitar decepcionar a los demás es más importante que evitar decepcionarme a mi misma?

Hace un rato hablaba con un amigo sobre los riesgos emocionales que uno puede asumir en su día a día y las consecuencias que ello puede tener. Los dos llegamos, después de intercambiar batallitas de ligues graciosos frustrados, a la conclusión de que la única manera de sobrevivir es no tomarse las cosas demasiado en serio.  No obstante, he llegado a  pensar  esa teoría de "no tomártelo a pecho" puede aplicarse en muchos más contextos. Y he decidido empezar a hacerlo aún más de lo que ya lo hacía.

Al final del día es conmigo misma con la que me voy a la cama, con mis principios, con mis sueños y con mis deseos. Al final del día nadie puede hacer las cosas por mi si yo decido no hacerlas o no me atrevo a intentarlo. Puedo compartirlo con los demás si quieren estar aquí, pero si deciden no estarlo, no es mi problema. Cada uno tiene su propia escala de valores, si yo no entro en sus escala de valores, es su problema, no el mío. Pero eso si, no se me olvida que cada uno recibe lo que da. Así que por cada "No" que consiga durante el día, será un "Sí" en la lista de cosas que he intentando. Porque uno de mis principios más estables es el de que cada día tenemos que enfrentarnos a algo que nos asuste, para poco a poco ir avanzando hacia lo que queremos llegar a ser. Y no pienso dejar de intentarlo.





1 comentarios:

  1. Hay mucha gente que nos incluye en su escala de valores, y otra mucha que nos deja fuera... a menudo son los mismos con una diferencia de días, meses o años.

    El otro día echaba cuentas de la gente que conocí el año pasado (o con la que volví a contactar después de un tiempo), cuantos de ellos fueron relativamente importantes y cuantos lo siguen siendo meses después. Me deprimí un poco, jajaja.

    Peeeeero, aún habiendo desfilado la mayoría por el corredor de la ausencia, quedan un par de ellos con quien he llegado a más. Sólo por eso merece la pena.

    ¡Fijate nosotros! La de años que llevamos leyéndonos, a veces con más ausencias, a veces con más presencias... y tu nunca has perdido tu huequito de importancia en mi mural de personas interesantes.

    Haz lo que te pida el cuerpo, siempre habrá alguien esperando con una manta para arroparte al llegar a meta :).

    Un fuerte abrazo!

    ResponderSuprimir