Juntar la música de Arcade Fire con las nuevas tecnologías (más especificamente con Google Chrome y HTML5)
da lugar a videoclips que ya no son "solo" videoclips. A música que ya no es "solo" música y a páginas web que ya no son "solo" páginas web. Uno de los muchos experimentos sobre interactividad que se pueden encontrar en la Web. Necesitaréis usar Google Chrome y ojo, que lleva música y unas cuantas ventanas emergentes.
Arcade Fire ha lanzado otro de sus videos interactivos (también en versión tradicional) pertenecientes al disco "The Suburbs". En este caso se trata de "Sprawl II-Mountains Beyond Mountains" (http://www.sprawl2.com/). Disfrutad del baile amigos.
*También en Youtube:
Navegando por la web de Periodismo Humano me he encontrado con esto, sin palabras me han dejado, sobre todo porque, tercera edad o no, la vida es así (al menos en mi España)
Las pequeñas aldeas son un mundo aparte. Todos lo sabemos. La ley de la ciudad no se aplica Todos los vecinos nos conocemos, hemos visto nacer, crecer y morir a la familia que vive en la casa de al lado. Los negocios han estado ahí desde siempre, y confiamos en que siempre lo estarán. Nos sabemos de memoria el nombre de las vacas, cerdos y gallinas de los vecinos, tenemos nuestras pequeñas costumbres, como el colgar la colada de un determinado modo. Todo es idílico. Vecinos cordiales, vivir sin estar pegado al reloj y al silbato del metro, naturaleza en estado puro, benigna y desbocada a un tiempo. La comunidad perfecta, podría ser una utopía fabiana. Pero no lo es. Pues todo núcleo humano, por pequeño que sea, contiene en su interior la mayor de las degradaciones posibles, la de la propia alma y espíritu. Nadie está a salvo, ni el párroco, el médico o el alcalde. Y menos que ninguno de los habitantes cuyas raíces ahondan en el pantano, el nuevo y recién llegado policia.
(Trailer americano de Frygtelig lykkelig (2008))
Así comienza Frygtelig lykkelig (2008), con la llegada de un policia a una pequeña y pacífica aldea del Sur de Jutlandia, una localidad en el que todos se saludan con un breve y sonoro "Mojn", que significa tanto "hola" como "adios". Copenhague, su anterior lugar de residencia, no comparte ningún parecido con el pueblo en el que deberá pasar los próximos meses, hasta recuperarse del, en principio desconocido, problema psicológico que le aqueja. Cuál no será la sorpresa de Robert al descubrir que nada, nunca, es lo que parece, y menos en las pequeñas aldeas.
Frygtelig lykkelig, un film noir que desde el primer momento captura nuestra atención con escenas típicas de western, como el duelo entre el nuevo Marshall y el cacique local para probar su resistencia mutua al alcohol, o de thriller pesadillesco, con la dulce e inocente niña Dorthe paseando un chirriante cochecito de muñecas en la fría y húmeda noche rural. Esta obra, basada en una novela de Erling Jepsen, nos encoge el corazón en un puño en algunas de las escenas más dramáticas, y ponzoñosamente humanas. No hay un exceso de sangre y vísceras, pero Frygtelig lykkelig no es apta para sensibles nipara aquellos que aún conservan su fe en la humanidad. Para todos los demás, cínicos, pesimistas, nihilistas y desengañados, noventa minutos de terrible felicidad.
Una idílica parroquia rural en la que ex convictos y otros desechos de la sociedad pueden rehacer sus vidas. Un medio y un método para encontrar de vuelta el camino a la humanidad entendida como el buen observar de las leyes. Cuatro personajes sobre los que gira una sola trama. Cuatro desheredados de la civilización, cada uno con un motivo diferente. Un párroco al que la verdad puede matar, un inmigrante procedente de Oriente Medio cuya ocupación es atracar gasolineras como represalia a la ocupación militar de su país por parte de tropas estadounidenses, un ex tenista venido a menos con una adicción al alcohol y a las relaciones sexuales no consentidas. Y Adam, última incorporación al saldo de ovejas descarriadas de la parroquia. El crimen de Adam no es otro que pertenecer a un grupo de neo-nazis en la Dinamarca del SXXI. Su condena será convivir junto al párroco y sus otros pacientes y hornear un pastel de manzanas.
Ante los requisitos de Ivan, el extravagante y extraordinario párroco, Adam debe imponerse a si mismo un objetivo, una meta que cumplir. Un pastel de manzanas es la, aparentemente, solución más fácil. Un gran manzano, casi curvándose por el peso de la fruta, preside la entrada a la iglesia. El centenario árbol es el orgullo y honra de Ivan, quien día a día observa el progreso de la primavera en cada una de sus hojas. No obstante, las soluciones fáciles, en ocasiones no son las más acertadas. Y Adam, en sus propias carnes, comprobará que el idílico lugar en el que ha sido recluido no es más que otro agujero de miseria. Otra cloaca más donde el infierno puede desencadenarse con graznido de un cuervo y el lento asomar de un gusano a través de una manzana podrida.
Las manzanas de Adán (Adams ӕbler, 2005) funciona como laboratorio de desgracias y desgraciados bajo la estricta atención de un manzano. Lo importante no es en si la localización de las escenas, realmente solo encontramos tres escenarios en toda la obra: una carretera secundaria, la parroquia (con su manzano e iglesia) y un tétrico hospital de provincias. Lo que destaca aquí es la actitud de cada uno de los participantes en el juego de Ivan, en su proceso de reinserción social. Cada uno de ellos tiene una marcada personalidad, unos rasgos que, en todo momento, impedirían su convivencia con personas “normales”. Pero la charada debe continuar y todos fingen vivir en un mundo idílico, ser felices y comer perdices. El film funciona como un mosaico de historias entrecruzadas que nos enseña que la sociedad, en si misma, no está preparada para aceptar en su seno a quien se salga de la norma en lo más mínimo. La única solución que se ofrece a los disidentes es un mundo paralelo, un campo de reclusión, en el que la normalidad tampoco lo es tanto y las normas que rigen el comportamiento humano no son, en apariencia, otras más que la buena fe y unas gafas color de rosa.
Tanto la imagen como la música juegan a favor de una tensión continua que se resuelve en un final circular, quizás esperado, pero no menos impactante. Los primeros planos retratan fielmente emociones que no se describen con palabras y no son necesarias las lágrimas para lograr que, de un modo u otro, nos identifiquemos con el personaje que, probablemente, menos lo merezca. El bien y el mal también están representados en el tratamiento de la imagen y son recurrentes los picados y contrapicados, así como algún que otro plano general con el tenebroso manzano presidiendo el desarrollo de la pesadilla de Adam. A la estética, ya de por si tétrica, de la película, se añade, en los picos de tensión un Cristo crucificado que nos mira con desesperación o un espantapájaros tan mal diseñado que más parece una cruz esperando un condenado.
Adams ӕbler consigue mantenernos pegados a la pantalla durante más de una hora y media mientras una parte de nosotros se debate entre odiar a Ivan, sus métodos y su forma de ver la vida y la otra simplemente desearía poder vivir en un mundo irreal tan tranquilo como el suyo, por mucho que sea una gran y retorcida mentira, ya se sabe, bendita ignorancia.
-You could kill him by making him understand? (Adam)
-Yes, in theory… (Doctor)
-To know God you have to dance with the Devil (Ivan)
Necesidades. Necesidades que nos unen. Que nos separan. Necesidades que hacen que nos arrastremos en busca del siguiente polvo, de la próxima raya o del último pico. Y de fondo, una ciudad. Nunca tiene porqué ser la misma. Cualquiera nos sirve. Cualquier suburbio es el adecuado para saciar nuestros instintos más animales. El primer callejón a la derecha puede fácilmente ser la oficina donde un pulcro y aseado camello nos fíe unos cuantos gramos. Cualquier porche deslucido ser la entrada del club de alterne más cercano. Tatuajes por todo el cuerpo. Mulas y redadas. Noches en blanco o en carmesí, todo depende de que labios besemos. Usureros. Prestamistas. Inmigrantes y ex-presidiarios comparten mesa y botella de vodka.Madres alcohólicas y padres que abusan de sus hijos. El infierno a ras de suelo, humeando en el alquitrán de cualquier autopista.
En este caso la ciudad de los adictos, proxenetas y desconsolados no es otra que Aalborg. En cada fotograma de Nordkraft (Angels in Fast motion,2005) vemos reflejado el rojo ladrillo, las estrechas calles, sus típicas casas en los suburbios o la creciente industrialización. Entrar en las habitaciones, y camas,de mano de Maria, Allan o Steso (Thomas) es entrar en la vida, sentir la adrenalina correr por nuestras venas en cada chute y dejar que nuestras pupilas se dilaten, y exciten, ante las emociones que nos aguardan tras la próxima puerta. No son solo los personajes, o sus líneas las que nos transportan, sino también la propia cámara, que en todo momento sigue a los personajes, moviéndose con su palpitar. La música, toda con letra en inglés, nos empuja como una ola a la siguiente escena. Escena en la que puede que encontremos a la madre de Allan metida en la ducha con un menor de edad, a Maria intentando entenderporqué vive con un camello o, quizás, al amor que todos sienten, o desearían poder sentir. Porque es, después de todo, el amor lo que los empuja, lo que los sostiene y les da fuerzas. Fuerzas para continuar, o para dar la vuelta y dejarlo todo atrás cuando parece imposible seguir hacia delante.