Cóntame un segredo. Algo que ninguén, ninguén máis saiba. Non ten porque ser nada realmente especial. Nada escabroso. Nada escuro. Pero algo único. Algo só para min. Algo que brille de noite como un vagalume incombustible. Algo que aínda que peche os ollos non poda sacar da cabeza. Cóntame algo que nos una para sempre. Unha historia que comece polo final e non teña principio. Desas que (sabes) non me deixan durmir. Atrévete a facerme estar esperta un mes, coñeces a maneira. O insomnio non é un problema de cando en cando, ata senta ben se sabes como aceptalo. Nestas trinta e unha madrugadas de outubro poderemos debuxar xuntos sobre o teito (ese tan branco do que sempre renegas) trinta e dúas maneiras de cruzar o escenario. E todas, todas e cada unha delas, serán nosas. Só nosas. E funcionarán como a máis enxeñosa engrenaxe. Farannos crer que cando saiamos de escena non todo rematará, haberá un epílogo, segunda e terceira parte, nunca un punto e final. Cóntame un segredo, deses que funcionan como banda sonora de toda unha vida de recordos. Por favor.
sábado, 16 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
No exit
Respiras. Coges aire. Intentas llenar los pulmones con algo parecido a oxígeno. No demasiado puro, por favor, te llega con lo absurdo de tu vida como para, aún encima, tener, ¡justo ahora!, un subidón. Duele. Quema. Sientes como, partícula a partícula, el gas se introduce en tu organismo. Nariz, boca, garganta y descendiendo. Tiemblas. No sientes los dedos. Intentas doblarlos pero hace demasiado frío. Los miras. Subes tu mano a la altura de los ojos y bizqueas. No consigues ver nada. Borrones. Nubes. Estrellas y lucecitas. Nada más. Desistes. Dejas caer los brazos. Peso muerto. Como todo ahora mismo. Te decides a dar un paso más. Te contorsionas hasta alcanzar el bolsillo más recóndito de tu mochila. Deslizas, a tirones, la cremallera. También ella parece congelada. Logras crear un hueco lo suficientemente grande como para introducir tres dedos. Sabes que debería estar ahí lo que buscas, también hoy. ¿También hoy? Rebuscas con dos dedos mientras sigues caminando. Al final deberías llegar a algún lugar (des)conocido, eso sería, definitivamente, lo mejor. ¡Lo encontraste! Con dos dedos sacas el móvil y lo enciendes. Mientras la pantalla parpadea y tu mano vibra dudas. Siempre dudas. ¿Qué teléfono marcar? Sabes, muy dentro de ti lo sabes, a quién llamar. Te sabes de memoria los 9 números que necesitas para hacer esa llamada de socorro. Pruebas. Tres dígitos. Vuelves a dudar. La pantalla se apaga y tienes que volver a empezar. Suspiras. El oxígeno que tanto incendió tus pulmones vuelve a su hábitat natural. Marcas de nuevo. Tres dígitos. Uno. Fem. Dos dígitos. 9. Fem. Y ahora, ¿qué? Da tono. Y mientras tanto tú esperas, sigues esperando. Has llegado al mar. Se abre ante ti el muelle. Como todos los días. Como cada mañana. Inspiras. El aire ya no quema. Ahora es como tragarse todo ese hielo que nunca quitas de la pared trasera de tu nevera en un solo bocado. Un tono, dos tonos, diez tonos. Cuelgas. No hay manera. Sólo queda una opción, aunque reniegues de ella. Rebuscas en la agenda de contactos, desesperado. Estás intentando localizar el único número al que nunca, bajo ningún concepto llamarías. Es vender tu alma a Satán, pero ¡diablos!, lo necesitas. Lo necesitas aquí, lo necesitas ahora, lo necesitas ya. Has subido y bajado por toda la agenda. A, B, C... X, Y, Z... y no está. No está en el lugar que le correspondería. Entrada 119/133. ¿Por qué no está? ¿ A quién llamas cuando la única persona cuya voz quieres escuchar no está en tu rango de alcance espacio-temporal?. Suspiras de nuevo. Siempre se te olvida que cada año nuevo prometes lo mismo, no volver a tropezar con la misma piedra, evitar el callejón que sabes, de antemano, no tiene salida.
Danmarksgade, 09/10/2010
...Y entonces me desperté, recordando que hace diez meses borré esa entrada de mi agenda de contactos. Mis motivos tenía, ni dormida ni despierta se me olvida.domingo, 10 de octubre de 2010
Nocturno I
A vida non ten sentido, nunca o ten. É só unha coleción de momentos que unimos con saliva, soños e pestanexos pensando que así será moito máis doado seguir respirando. (Como nos enganamos)
jueves, 7 de octubre de 2010
La noche del heraldo
Leyendas. Susurros. Noches de niebla y viento. Galicia, Castilla y León, Asturias y Extremadura. Encrucijadas de caminos rurales presididos por grandes cruceiros de granito y petos de ánimas. El crepúsculo que poco a poco se adueña del bosque hasta sumirlo en la más completa oscuridad. Ramas desnudas de hojas que parecen dedos acusadores. Raíces que se yerguen del suelo para hacernos tropezar y besar el barro.
Y entonces comienza el temblor. Se eleva el rugir del viento, el murmullo se convierte en desgarrador lamento. Decenas de luces comienzan a oscilar frente a la mirada asustada del viajero. En el mejor de los casos serán fuegos fatuos, fruto de la descomposición de la materia orgánica propia del ecosistema. Si no lo son... sólo queda una opción... Premonitoria. Un aviso. Una llamada de atención. Una, solo una, y quizás la última, posibilidad de escapar con vida. Suenan campanas. Avanza la procesión de almas en pena. Las comanda un vivo cargado con una cruz. Esta será su última ocupación conocida. Solo tiene una oportunidad, una en cada noche, de cambiar de trabajo. Solo pasando su funesta carga a aquel viandante incauto que haya decidido aventurarse por sendas nocturnas que jamás debieran ser holladas podrá el heraldo escapar, brevemente, al beso de la muerte.
Y el viajero desprevenido se aventura noche tras noche por el camino que no debe ser recorrido, no lleva consigo más que lo puesto, pero aún así eso será suficiente para estos bandoleros. Solo buscan un alma que poseer. Ninguna otra riqueza humana se les antoja deseable. Solo un alma. Nada más. El caminante se los ha encontrado en esta noche funesta. Poco importa el nombre que sus tradiciones les hayan dado: Santa Compaña, Estadea, Güestia,Güéspeda,Hoste,Genti de Muerti... lo único que queda es el miedo, el pánico. El frío sudor recorriendo sus sienes. El corazón bombeando sangre a un ritmo desbocado. ¿Es ya la hora? ¿Existe la salvación?. Como concienciándose de su destino los perros de la vecindad más próxima empiezan a aullar. Hacen los cuervos un tétrico acompañamiento. La luna se oculta vergonzosa, ni tan siquiera ella quiere mirar.
El caminante tropieza, araña sus rodillas y descalabra sus manos mientras trata de dibujar un círculo que proteja su espíritu. Le flaquean las piernas. El círculo queda incompleto, y las hojas en el camino se retuercen y vuelven negras como abrasadas por un fuego invisible. Los pasos se acercan. ¿Quizás si saliera corriendo? Cientos de tortuosos pensamientos invaden su mente, son tan débiles como las luces que ahora le persiguen. Su cuerpo ha tomado el control sobre su cerebro. Está corriendo. Lo sabe. Lo siente. Pero no lo asume. Se acerca a las primeras casas del pueblo pero la fiebre no le deja reconocer su aldea. Dan las doce en el campanario. TON. TON. TON. Primera puerta a la derecha. TON. No se abre. Llama con desesperación. No hay nadie. Ninguna voz contesta. TON. Sigue corriendo. TON. Tercera a la izquierda. TON. Mira a través de la ventana y golpea con fuerza el cristal. Se asoma una mujer. TON. Rubios cabellos, mirada clara. Sonrisa sincera. Translúcido camisón blanco a la luz de la candela. TON. La doncella entreabre la puerta y también los labios. Sonrisa complanciente, luna llena de marfil protegiendo el secreto de su boca. TON. Estira los brazos. Recoge al viajero. Y niega la entrada con un gesto de su mano a la oscura compañía que hace ondular su capa. TON. La puerta se cierra sin el más tenue sonido, ningún rechinar de goznes osa interrumpir el consiguiente ritual. La luz se extingue también en el interior. TON. Ya no habrá luz en la ventana, nadie aparecerá bajo el dintel de la entrada. No hasta que sea la misma presa quien de nuevo llame a la puerta del cazador.
La luna vuelve a brillar. Las nubes han desaparecido. Los perros han acallado sus alaridos y los cuervos duermen de nuevo, quizá soñando con el busto de Palas. El heraldo de la muerte ha retornado a su lecho. Tampoco esta noche ha cumplido su misión. Cada cuenta de rosario desgranada es una hora menos de vida. Para él, también, solo quedaba esta oportunidad.
Y entonces comienza el temblor. Se eleva el rugir del viento, el murmullo se convierte en desgarrador lamento. Decenas de luces comienzan a oscilar frente a la mirada asustada del viajero. En el mejor de los casos serán fuegos fatuos, fruto de la descomposición de la materia orgánica propia del ecosistema. Si no lo son... sólo queda una opción... Premonitoria. Un aviso. Una llamada de atención. Una, solo una, y quizás la última, posibilidad de escapar con vida. Suenan campanas. Avanza la procesión de almas en pena. Las comanda un vivo cargado con una cruz. Esta será su última ocupación conocida. Solo tiene una oportunidad, una en cada noche, de cambiar de trabajo. Solo pasando su funesta carga a aquel viandante incauto que haya decidido aventurarse por sendas nocturnas que jamás debieran ser holladas podrá el heraldo escapar, brevemente, al beso de la muerte.
Y el viajero desprevenido se aventura noche tras noche por el camino que no debe ser recorrido, no lleva consigo más que lo puesto, pero aún así eso será suficiente para estos bandoleros. Solo buscan un alma que poseer. Ninguna otra riqueza humana se les antoja deseable. Solo un alma. Nada más. El caminante se los ha encontrado en esta noche funesta. Poco importa el nombre que sus tradiciones les hayan dado: Santa Compaña, Estadea, Güestia,Güéspeda,Hoste,Genti de Muerti... lo único que queda es el miedo, el pánico. El frío sudor recorriendo sus sienes. El corazón bombeando sangre a un ritmo desbocado. ¿Es ya la hora? ¿Existe la salvación?. Como concienciándose de su destino los perros de la vecindad más próxima empiezan a aullar. Hacen los cuervos un tétrico acompañamiento. La luna se oculta vergonzosa, ni tan siquiera ella quiere mirar.
El caminante tropieza, araña sus rodillas y descalabra sus manos mientras trata de dibujar un círculo que proteja su espíritu. Le flaquean las piernas. El círculo queda incompleto, y las hojas en el camino se retuercen y vuelven negras como abrasadas por un fuego invisible. Los pasos se acercan. ¿Quizás si saliera corriendo? Cientos de tortuosos pensamientos invaden su mente, son tan débiles como las luces que ahora le persiguen. Su cuerpo ha tomado el control sobre su cerebro. Está corriendo. Lo sabe. Lo siente. Pero no lo asume. Se acerca a las primeras casas del pueblo pero la fiebre no le deja reconocer su aldea. Dan las doce en el campanario. TON. TON. TON. Primera puerta a la derecha. TON. No se abre. Llama con desesperación. No hay nadie. Ninguna voz contesta. TON. Sigue corriendo. TON. Tercera a la izquierda. TON. Mira a través de la ventana y golpea con fuerza el cristal. Se asoma una mujer. TON. Rubios cabellos, mirada clara. Sonrisa sincera. Translúcido camisón blanco a la luz de la candela. TON. La doncella entreabre la puerta y también los labios. Sonrisa complanciente, luna llena de marfil protegiendo el secreto de su boca. TON. Estira los brazos. Recoge al viajero. Y niega la entrada con un gesto de su mano a la oscura compañía que hace ondular su capa. TON. La puerta se cierra sin el más tenue sonido, ningún rechinar de goznes osa interrumpir el consiguiente ritual. La luz se extingue también en el interior. TON. Ya no habrá luz en la ventana, nadie aparecerá bajo el dintel de la entrada. No hasta que sea la misma presa quien de nuevo llame a la puerta del cazador.
La luna vuelve a brillar. Las nubes han desaparecido. Los perros han acallado sus alaridos y los cuervos duermen de nuevo, quizá soñando con el busto de Palas. El heraldo de la muerte ha retornado a su lecho. Tampoco esta noche ha cumplido su misión. Cada cuenta de rosario desgranada es una hora menos de vida. Para él, también, solo quedaba esta oportunidad.
sábado, 2 de octubre de 2010
La vuelta de los días oscuros
El mundo tal y como Simón, un simple pinche de cocina, lo conocía ha cambiado. Está cambiando. La oscuridad va adueñándose poco a poco de cada resquicio de ilusión. No deja nada al mañana. El ansia de control territorial de un rey acosado por sus fantasmas y la búsqueda de conocimientos malditos de quien una vez prometió proteger la sabiduría del antiguo arte se han unido para llevar desesperanza y hielo a Osten Ard y a todos aquellos seres vivientes que lo habitan. Simón, aquel que nos guie a través de la trama principal, dejará de ser un niño cuya única aspiración es encaramarse al pináculo de la Torre del Ángel Verde, para convertirse en un adulto, con todo lo que ello supone, y nosotros creceremos también con él a medida que nos enfrentemos a los espectros que aguardan a este huérfano en cada curva en el camino.
Elias reina sobre todo aquello que se extiende hasta donde alcanza la vista. Hijo del reconocido Juan El Presbítero, quien unió bajo un solo gobierno a todas las naciones humanas; y actual ocupante del Trono de Huesos de Dragón, llena sus grises días en controlar la vida de castillo y cobrar el diezmo a sus campesinos. La vida podría seguir así eternamente hasta que, seducido por el fulgor carmesí de las palabras de Pryrates decide convertirse en vasallo del Rey de las Tormentas, con las consecuencias que eso conlleva. Desde el momento en que la primera gota de sangre se derrame y el pacto se firme nadie estará a salvo bajo el, escaso, sol que ilumina Osten Ard. Quizás el precio a pagar ha sido demasiado alto, hasta para quien tenía bajo su trono todo aquello que alcanzaba la vista. Pues, nunca, bajo ninguna circunstancia, un humano podrá dominar a aquel que yacía en la oscuridad de las montañas, confinado durante siglos tras haber cometido el crimen más grave.
Con Añoranzas y pesares, trilogía (tetralogía en la edición española) de Tad Williams se nos abre la puerta a un nuevo reino donde dragones, hechiceros, humanos y otra decena de razas comparten un destino común con solo dos opciones: la muerte o la esclavitud a manos de Ineluki, quien una vez perteneció a una de las naciones más gráciles, hermosas y pacíficas que el continente pudo haber visto. Sudor, lágrimas, sangre y oscuridad, eso es lo único que queda ahora en Osten Ard.
Elias reina sobre todo aquello que se extiende hasta donde alcanza la vista. Hijo del reconocido Juan El Presbítero, quien unió bajo un solo gobierno a todas las naciones humanas; y actual ocupante del Trono de Huesos de Dragón, llena sus grises días en controlar la vida de castillo y cobrar el diezmo a sus campesinos. La vida podría seguir así eternamente hasta que, seducido por el fulgor carmesí de las palabras de Pryrates decide convertirse en vasallo del Rey de las Tormentas, con las consecuencias que eso conlleva. Desde el momento en que la primera gota de sangre se derrame y el pacto se firme nadie estará a salvo bajo el, escaso, sol que ilumina Osten Ard. Quizás el precio a pagar ha sido demasiado alto, hasta para quien tenía bajo su trono todo aquello que alcanzaba la vista. Pues, nunca, bajo ninguna circunstancia, un humano podrá dominar a aquel que yacía en la oscuridad de las montañas, confinado durante siglos tras haber cometido el crimen más grave.
Con Añoranzas y pesares, trilogía (tetralogía en la edición española) de Tad Williams se nos abre la puerta a un nuevo reino donde dragones, hechiceros, humanos y otra decena de razas comparten un destino común con solo dos opciones: la muerte o la esclavitud a manos de Ineluki, quien una vez perteneció a una de las naciones más gráciles, hermosas y pacíficas que el continente pudo haber visto. Sudor, lágrimas, sangre y oscuridad, eso es lo único que queda ahora en Osten Ard.
"That's what I said. How do you fight a god? We'll be crushed like ants" Another stone went flying out into darkness.
"Perhaps. But if we are not trying, then, there is no chance of anything but this antlike crushing, so we must try. There is always something beyond even the worst of bad times. We may die, but the diying of some may mean living for others. That is not much to cling to, but is a true thing in any case" The troll moved a little way down the path and took a seat on another stone. The sky was darkening swiftly. "Also", Binabik said gravely, "it may or may not be foolishness to pray to the gods, but there is certainly being no wisdom in cursing them"
( página 191, Stone of Farewell, Book 2 of Memory, Sorrow and Thorn. Editorial Legend,1991)
domingo, 26 de septiembre de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
Cosas del mundo (I): retretes
Llamadme ingenua, inmadura, poco cultivada. Todo eso es cierto. Es la primera vez que estoy tan lejos de casa (y eso que me encuentro en un país culturalmente afín a España) y todo me sorprende. Cualquier nimiedad. Pero, como bien dicen por ahí, el conocimiento es poder, y yo cada día conozco más y más. En menos de un mes he aprendido mucho más de lo que hubiera conocido estando en casa o en Santiago. Ahora sé cómo poner una lavadora que funciona con tarjeta prepago. Y también he aprendido que no soy capaz de generar tanta ropa sucia como para llenar dos horas y treinta minutos de coladas a 20 kroners lavado, ni tan siquiera pidiendo ayuda a mis compañeras de piso.
Sin embargo, lo que hoy he aprendido, gracias, ¿cómo no?, a Internet y a la gran enciclopedia colaborativa, es que, incluso en lo más básico, los occidentales nos diferenciamos de los otros 2/3 de población mundial, para bien o para mal. Hace un par de días, buscando información de viajes sobre Escandinavia me encontré con un palabrejo que no entendía: squat toilet y para saciar mi curiosidad, me dirigí a la gran fuente de todo conocimiento (sí, de nuevo la Wikipedia) y en ella hallé la luz que disipó la oscuridad de todas mis preguntas:

Créditos
Lo que para nosotros es algo tan natural como entrar al cubículo del retrete y sentarnos tranquilamente a hacer nuestros menesteres, no es tan común como habitualmente parece. Más allá de Estados Unidos, Sudamérica y Europa Occidental el funcionamiento es muy diferente. Además de no compartir, en general, la tradición del uso del papel higiénico. En un gran número de países, ese bien tan imprescindible para nosotros se substituye por agua (corriente en el mejor de los casos) y por el uso de la mano izquierda. Por ese mismo motivo se considera tan políticamente incorrecto al Este de Europa Central el no ofrecer la diestra cuando se saluda a alguien. No obstante, nada de esto debería resultarnos tan desconocido, ya que el retrete, tal y como nosotros lo conocemos, no fue introducido en la (alta) sociedad (británica) hasta entrado el siglo XIX, así que tampoco deberíamos sorprendernos tanto ni dar por hecho que en el resto del globo las cosas funcionan como aquí.
Sin embargo, lo que hoy he aprendido, gracias, ¿cómo no?, a Internet y a la gran enciclopedia colaborativa, es que, incluso en lo más básico, los occidentales nos diferenciamos de los otros 2/3 de población mundial, para bien o para mal. Hace un par de días, buscando información de viajes sobre Escandinavia me encontré con un palabrejo que no entendía: squat toilet y para saciar mi curiosidad, me dirigí a la gran fuente de todo conocimiento (sí, de nuevo la Wikipedia) y en ella hallé la luz que disipó la oscuridad de todas mis preguntas:
Créditos
Lo que para nosotros es algo tan natural como entrar al cubículo del retrete y sentarnos tranquilamente a hacer nuestros menesteres, no es tan común como habitualmente parece. Más allá de Estados Unidos, Sudamérica y Europa Occidental el funcionamiento es muy diferente. Además de no compartir, en general, la tradición del uso del papel higiénico. En un gran número de países, ese bien tan imprescindible para nosotros se substituye por agua (corriente en el mejor de los casos) y por el uso de la mano izquierda. Por ese mismo motivo se considera tan políticamente incorrecto al Este de Europa Central el no ofrecer la diestra cuando se saluda a alguien. No obstante, nada de esto debería resultarnos tan desconocido, ya que el retrete, tal y como nosotros lo conocemos, no fue introducido en la (alta) sociedad (británica) hasta entrado el siglo XIX, así que tampoco deberíamos sorprendernos tanto ni dar por hecho que en el resto del globo las cosas funcionan como aquí.
Es de destacar además, que la postura corporal necesaria para usar este tipo de retretes difiere un tanto de aquella a la que estamos acostumbrados. El ángulo de nuestros órganos internos cambia al situar los pies en su respectivo lugar, facilitando la expulsión del contenido de nuestros intestinos. Quizás por eso es considerada la postura más natural para defecar, existiendo corrientes médicas y científicas que la recomiendan en lugar de nuestro habitual ángulo de 90º.
Yo no recuerdo haber probado nunca uno de estos, pero, sea como sea, ahora sé que esperar cuando salga de casa y me dirija en la dirección opuesta a donde ahora me encuentro (algo que sé que sucederá en no mucho tiempo, espero)
Squat Toilet (Wikipedia, en inglés)
Historia del retrete (Wikipedia, en inglés)
Manual de uso de squat toilet (inglés)
Debo añadir, además, algo que me ha sorprendido de los aseos en la Universidad de Aalborg, algo que he comentado con otros compañeros de otras nacionalidades (europeos, eso si) y que también es diferente en sus respectivos lugares de origen. Aquí, por raro que a mí me pueda resultar, los baños no están separados por sexos. Se trata simplemente de cubículos individuales, totalmente cerrados, que incluyen un lavabo, luz y espejo. Leyendo por Internet (el cual parece ser ultimamente mi gran amigo a la hora de resolver mis grandes dudas existenciales), el posible motivo de este hecho es evitar los problemas de género e identidad que pueden surgir a las personas transexuales a la hora de usar estes servicios. Siendo compartidas las instalaciones, nadie debe preocuparse de estar entrando en territorio del sexo opuesto, o sentirse incómodo por no encontrar un letrero específico para su caso particular. He de decir que nunca me había parado a pensarlo, pero desde luego, es un punto más que se han ganado los escandinavos en mi escala personal.
Yo no recuerdo haber probado nunca uno de estos, pero, sea como sea, ahora sé que esperar cuando salga de casa y me dirija en la dirección opuesta a donde ahora me encuentro (algo que sé que sucederá en no mucho tiempo, espero)
Squat Toilet (Wikipedia, en inglés)
Historia del retrete (Wikipedia, en inglés)
Manual de uso de squat toilet (inglés)
Debo añadir, además, algo que me ha sorprendido de los aseos en la Universidad de Aalborg, algo que he comentado con otros compañeros de otras nacionalidades (europeos, eso si) y que también es diferente en sus respectivos lugares de origen. Aquí, por raro que a mí me pueda resultar, los baños no están separados por sexos. Se trata simplemente de cubículos individuales, totalmente cerrados, que incluyen un lavabo, luz y espejo. Leyendo por Internet (el cual parece ser ultimamente mi gran amigo a la hora de resolver mis grandes dudas existenciales), el posible motivo de este hecho es evitar los problemas de género e identidad que pueden surgir a las personas transexuales a la hora de usar estes servicios. Siendo compartidas las instalaciones, nadie debe preocuparse de estar entrando en territorio del sexo opuesto, o sentirse incómodo por no encontrar un letrero específico para su caso particular. He de decir que nunca me había parado a pensarlo, pero desde luego, es un punto más que se han ganado los escandinavos en mi escala personal.
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