Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opinión. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de septiembre de 2012

Sobresaturación informativa

A veces lo que me asusta no es el vivir en mi propio mundo imaginario, en mi cueva decorada con gran horterismo. A ratos soy feliz con la sola compañía de mi falta de información,  perspectiva y objetividad. Lo que me da miedo es salir ahí fuera y ver que las sombras que pueblan mis pesadillas son simples miniaturas de lo que me espera en el mundo real.

Sinceramente, y desde mi vocación profesional, en ocasiones preferiría vivir después del apagón, donde no llegara el amarillismo, la sangre, las vísceras ni el ultrarrealismo. Donde primara la información veraz y no el número de ventas. La redacción ideal sería aquella en que se escogiera un tema por ser una buena noticia y no una repetición catatónica de una crisis mil y una veces temida y anunciada.

  A veces, y solo a veces, preferiría la ignorancia.



 O Vicedo, 18 de agosto 2012



A veces, y solo a veces, preferiría que el nevado de mi pantalla no cesase nunca.

jueves, 7 de junio de 2012

Bilingüísmo Harmónico

Olvidei o que era chegar a un lugar novo e que ninguén, voluntariamente, te entendera. 
Esquecín o vacío (social) do recén chegado.
 Eliminei do recordo os primeiros intentos de comunicación infructuosos e atesourei o redondear na punta da lingua de palabras novas.
 Sílaba tras sílaba forxei coñecemento e experiencia nun idioma novo. 
 Preferín esquecer os desaires cervatinos aos meus verbos mal conxugados en tempos compostos. Supereino con lectura incesante e paixon por aprender.
 Na memoria só queda o camiño e o logrado, un bilingüísmo o suficientemente harmónico como para facerme unha cidadá feliz.  


Exercicio do Obradorio de Escritura Creativa, Vigo, 28/05/2012

martes, 22 de mayo de 2012

InEmigrante

Chegamos e había nubes, choiva, humidade.
(A)sentamos e parou de barruzar.
Lorenzo dixo "Boas Tardes",
así entendemos porqué a herba mollada
recendía como unha nova vida

Brotaron frores na nosa fiestra.
Alimentámolas de sorrisos e ilusións,
pero máis cedo ca tarde anegouse o ceo de trebóns.
Os lóstregos non deixaron tempo para respirar.

Afogaron as frores. Afogaron os risos.
O verde tornouse balorento.
A esperanza volvía estar lonxe da casa.


(Ejercicio de creatividad en verso, Taller de Escritura Creativa impartido por Francisco Castro, Vigo, 21/05/2012)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Normas sociales invernales

 Siéntate. Levántate. Da un paso adelante, dos atrás. Saluda con la derecha, despídete con la izquierda. Guiña un ojo, pestañea a mil revoluciones por minuto. Sonríe. Riéte mientras brindas. Levántate. Siéntate. Canta un villancico que ni te gusta ni te importa. Compra como si se fuera a acabar el mundo en 24 horas. Siéntete como Papa Noel envolviendo regalos que sabes no gustarán a nadie. Sonríe. Sonríe. Sonríe. Riéte como si ese chiste fuera bueno y no una copia barata del mismo especial de Navidad de hace un año. Escucha con atención el discurso del Rey. Brinda. Riéte. Siéntate. Levántate. Haz bromas absurdas y obscenas sobre tus compañeros de mesa. Alardea de algo, de lo que quieras, no importa de qué se trate. Calcula tu popularidad en base a todas las felicitaciones que recibirás vía SMS o en  tu tablón de Facebook.  Devuélvelas todas con una carita feliz o un "me gusta". Etiqueta a cien personas en una foto hortera con renos, nieve, y algún Santa Claus despistado. Sé etiquetado en una foto en la que hay nieve y muñecos felices. Siéntete tú también feliz. 

 Cómete doce uvas sin atragantarte.Apláude al acabar el año. Ponte bragas rojas aunque prefirieras estar sin ellas. Cómprate un vestido y unos zapatos que no volverás a usar en tu vida. Muérete de frío y en tacones. Brinda. Riéte. Guiña el ojo izquierdo y pestañea con el derecho a mil revoluciones por minuto. Alardea de algo, de lo que quieras, no importa de qué se trate. Haz bromas obscenas sobre tu compañero de baño. Cuélgate una guirnalda de plástico de colores alrededor del cuello, asegúrate de que todos tus amigos tienen una. Satura la bandeja de entrada de todos tus conocidos con cadenas navideñas. Grita algo que deberías haber callado. Cuenta a un desconocido algún secreto, a poder ser escandaloso. Bebe más de lo que deberías y menos de lo que quisieras.

Y, si te queda algo de fuerza después de Nochebuena y Fin de Año, plantéate porqué haces algo que no quieres hacer, cuando no quieres hacerlo y rodeado de gente que también estaría mejor en sus casas en pijama.

martes, 24 de mayo de 2011

Necesitamos máis xornadas de reflexión (Andrea L. Lozano)

Estou fóra da casa, a tres mil quilómetros de onde se está intentando un cambio -pacífico- no noso sistema político. Non vou mollarme no tema neste momento, especialmente porque só podo seguir os sucesos a través dos medios, e non dende as prazas, como moitos dos meus compañeiros si o están facendo dende Santiago de Compostela, ou Barcelona, pero non por iso deixo de interesarme. E hoxe traiovos un grao de area, esta vez dende Santiago de Compostela e da man de Andrea L. Lozano, compañeira e xornalista.

lunes, 2 de mayo de 2011

Morto o can acabouse a rabia

Iso di o noso, tan mundialmente recoñecido, refraneiro popular. Cousa que non acabo de crer. Nin maneira de facelo cando o que morreu non foi un can senón unha persoa, para máis aquel unha icona do que dende os países do tan "evolucionado" occidente demos en chamar "terrorismo islámico". Se a todas horas nos enchemos a boca coa palabra "democracia", facendo alarde de xustiza, de igualdade (sen importar cor, sexo, relixión) e de liberdade (ei, outra ronda de termos case baleiros de sentido pero que enchen prazas) que maneiras son estas de actuar?. Entrar a tiros nunha casa (fortificada din en El País), liquidar todo aquilo que se mova dentro e logo guindar ao mar os cadáveres. Iso si, remarcan tamén en El País que primeiro se cumpliu cos rituais funerarios islámicos. ¡Manda truco! A min se me pegas un tiro na cabeza despois de entrar ao asalto na miña casa pouco me importa que me veña santificar o mesmísimo Papa, ¡iso de católico tenche pouco!. Non nego que probablemente a única maneira posible de acceder a onde Bin Laden se agochaba era unha operación extrema deste tipo, sen moito miramento á hora de chamar ao telefonillo da entrada principal, pero de aí a rematar como a remataron... Se foron capaces de entrar é moi sospeitoso que non foran capaces de capturalo en vez de asasinalo.

E do outro lado do charco todo son celebracións e jolgorio. O presidente da, polo momento, primeira potencia mundial só di que se fixo xustiza e listo. Medo me dá o concepto de xustiza que se ten por este mundo de Deus. Para min a xustiza comeza cando, sexa cal sexa o teu crime, te enfrentas a un xuizo xusto no que un fiscal presentará as túas maldades e ilegalidades, pero onde tamén tes a opción de te defender. Isto parécese máis a unha obra de teatro, a un capítulo dunha serie de ciencia-ficción policial que ao que debería ser a realidade. Iso si, agora só falta que mañá os titulares de medio mundo desmintan o asunto. A paranoia conspiratoria estará servida.


Din que morto o can acabouse a rabia. Non mo creo. Eu son máis dese outro que di Ollo por ollo e todos acabaremos cegos. Teño o pálpito de que todo (sempre) pode ir a peor, e non creo que Oriente Medio vaia a ser a excepción, agora menos ca nunca.


Máis desilusións sobre Bin Laden e a súa morte en Estados Unidos asasina a Democracia (Nerea Pallares Vilar, Galicia Digital )

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cacahuetes

El viernes, nada más comenzar nuestra visita guiada a Randers Regnskov me quedé prendida de él, de este animal, cuya raza ni sé, y de su mirada.

Podíamos leer en ella paciencia, desgana y puede que indiferencia. Los flashes saltaban sin parar, su pose los atraía. Sus ojos tristes también. No se movió ni un milímetro. Aguantó estoico la avalancha de ojos automáticos, de luces y murmullos de excitación. Nosotros eramos los cazadores, esperábamos un gesto, una mueca, una monería. Por que... ¿a quién no le han dicho que los monos lo que hacen es eso, monerías?. No se cumplió nuestro deseo. Nos ignoró. Y nosotros le ignoramos a él cuando treinta segundos después un primo lejano de los antílopes se cruzó en nuestro camino y nos miró con una mezcla de desgana y temor de cervatillo asustado. El primate había pasado a la historia. Había tenido sus treinta segundos de atención, aferrado a sus barrotes, quizá sabiendo ya que nunca podrá romperlos. Un esclavo de su propio destino.
Aunque nosotros, los evolucionados, nótese el sarcasmo, humanos estemos de este lado de la verja, armados con nuestras cámaras fotográficas e Iphones de última generación, estamos igual de atrapados que él. Pero al menos el lo sabe. Las personas no somos conscientes de que hemos sido nosotras mismas quienes hemos escogido nuestra prisión, nos hemos encerrado tras el tragaluz y hemos tirado la llave al foso de los cocodrilos. Hoy por hoy, en las sociedades occidentales el 90% de nosotros pertenece a una, cuando no más, red social. No se trata solo de que la usemos para comunicarnos con nuestros familiares, con nuestros primos de América o con aquellos amigos a los que el trabajo ha enviado a la otra punta de Europa. Nosotros también esperamos nuestra ración diaria de atención, la deseamos, la necesitamos. Para algunos se ha vuelto una adicción, algo casi fisiológico, el saber que cada foto que suba, cada estado que actualice, cada vídeo que comparta recibirá un comentario de alguno de sus 500 contactos, o, al menos, un"me gusta" que no implica para nada que esto sea verdad. Facebook se ha convertido en nuestros 15 minutos de gloria. Al igual que el mono de la reserva tropical, nos sentamos a esperar a que alimenten nuestro ego, a que nos lancen un par de míseros cacahuetes al día. Con un "ehyyyyy" en nuestro tablón y una nueva petición de amistad cada 15 días nos es suficiente para sobrevivir un par de semanas más. Luego subiremos alguna foto que demuestre lo amplia que es nuestra vida social "real" y el círculo se cerrará.
Como siempre, y así es como debe ser, hay voces que se levantan contra la dictadura de las redes sociales, pero es entonces cuando nos sumimos en la tremenda paradoja que conllevan: Si perteneces a ellas, a cualquiera de sus variantes (exceptuando quizás las más especializadas redes laborales) estás siendo manipulado por la cultura de masas y utilizado por un organismo más grande y poderoso que cualquiera de nosotros para proporcionar datos a las compañías que usarán para manipular a su vez nuestros gustos y necesidades. Pero, por otro lado, si no perteneces a ellas, reniegas de sus contenidos y de su utilidad, dejas de pertenecer al "mundo real", o lo que ahora, por desgracia, entendemos por mundo real, y tus ansias de reivindicar tu individualidad se convertirán en tu peor enemigo, no serás nadie, nunca más.
Hacía tiempo que no se me planteaba una decisión tan difícil, porque.... después de todo, navegar entre dos aguas tampoco es lo más recomendable en los tiempos que corren.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El día en que dejé de creer en los adultos

(o en su defecto en las figuras de autoridad)


Recuerdo el día en que decidí que nunca me haría mayor. Que nunca sería una adulta. No fue cuando descubrí que los reyes son los padres, aunque esa mañana empezó a correr sangre republicana por mis venas. Tampoco cuando comprendí que tener legalmente carné de conducir no te llevará a donde tú quieres llegar o que el poder elegir un candidato electoral, marcar con una cruz entre dos nombres cargados de, aparente, significado político, no cambiará el estado del país. Ni tan siquiera sucedió el día que dando una mano alguien mordió todo el brazo, o al entender la gran mentira que supone que quien más te está lacerando sea aquella persona que te dice que no te quiere hacer daño.

Con el paso de los años los rasguños en las rodillas tardaron más en curarse, las ojeras se hicieron más profundas, los dolores de cabeza menos intermitentes, pero yo seguía creyendo. Ingenuamente asumía que, con la llegada de la adultez, las cosas cobrarían sentido (algún sentido) y podría recapacitar, mirar atrás y conectar los puntos. No pude. Llegó el día en que cumplí la mayoría de edad legal en España (luego llegaría la mayoría de edad legal en Estados Unidos) pero no llegó con ello el buen juicio. En su lugar llegó la Universidad, Santiago de Compostela y algún que otro encuentro accidentado. Y fue allí, en Santiago, en mi primer año como futura periodista, cuando y donde descubrí que yo nunca, nunca, me haría mayor. No importarían los años legales, el carné de identidad o el renovar el permiso de conducir. Yo nunca sería como ellos.

Para mi los adultos siempre habían sido quienes tenían las respuestas (y también muchas de las preguntas). Siempre con la palabra adecuada, el gesto preciso y la solución a nuestras riñas de niños sobre si Spiderman podría ganar o no a Lobezno en un duelo a muerte. El resultado era siempre una onza de chocolate. Y todos tan contentos. Los adultos, en mi mente, entendían que la política no nos salvaría de la extinción, pero seguían hablando de ella, haciéndola, porque aún quedaba alguna esperanza.

Pero llegó la mañana en que todo se truncó. En medio de una clase teórica, estando sentados unos cien compañeros y yo, la puerta se abrió de golpe. El profesor se calló. Todos giramos la cabeza expectantes. Un hombre con una chupa de cuero y un pañuelo al cuello entró tropezando con los escalones del estrado. Balbuceó unas pocas palabras y se dirigió a la mesa del catedrático. Luego, desde esa privilegiada posición, comenzó a hablarnos a todos nosotros. Estaba borracho. Se podía percibir desde la última fila. Hacía señas extrañas a los alumnos, se acercó incluso a las primeras hileras de mesas. Mientras tanto, viendo que el hombre había captado toda nuestra atención y sabiendo imposible dialogar con él, nuestro maestro preguntó en voz alta si queríamos que ese sujeto abandonase el aula. No recuerdo la respuesta general. Estaba demasiado concentrada en no llamar la atención del “sujeto” desde mi tercera o cuarta fila. El profesor salió del aula. Cerró la puerta. Allí nos quedamos cien personas sentadas, escuchando hablar, cantar y casi destrozar el mobiliario a un lunático. No sé si los demás oyeron como la puerta trasera se abría o no. Solo sé que cuando volví la cabeza vi al profesor sentado en la última fila. Casi sonriendo ante las tonterías y payasadas de un pobre hombre sobre el estrado. En ese momento, justo en ese momento, sentí que el alma se me caía a los pies.

La persona que se suponía un modelo para nosotros, alguien mayor, adulto, con conocimientos académicos y sobre la vida, había preferido sentarse a contemplar como se desarrollaba la comedia antes que interrumpirla y continuar con el ritmo normal de las cosas. La única figura con poder en el aula había decidido dejar en manos de sus alumnos y de un lunático el resultado del encuentro. ¿Qué haría en cualquier otra situación que requiriese algo de “mano izquierda”, sentarse a que otro decidiera por él? (y no, no hablo de violencia)

Si los adultos en quien confiamos, aquellos que esperamos que representen nuestros ideales, nos protejan, nos guíen (aunque no nos dirijan como bueyes amarrados al arado) y aconsejen, deciden simplemente sentarse a ver pasar el mundo… ¿qué podemos esperar entonces de esos otros que sabemos que son (casi siempre) corruptos por naturaleza, dados a la manipulación mediática, a desvirtuar el sentido de las cosas y a hacer de la realidad una ficción Orwelliana? (sí, hablo de los políticos). ¿Cómo soportar que quien debe ejercer el poder, detener a los criminales, se siente a ver pasar las nubes y buscar unicornios en sus formas? ¿Y los jueces, usando su mazo solo para jugar al cricket?

No quiero hacerme mayor, no quiero ser una adulta, y menos aún una en un cargo de responsabilidad. No soy como ellos ni quiero serlo. No quiero que las personas que confían en mi buen hacer, mi experiencia vital y mi buena voluntad descubran que no hay nada. Que no he sabido crecer, asumir las responsabilidades de la edad y de un cargo tan serio como el de madre, educadora o hasta periodista. Quiero seguir siendo eternamente inocente, así, al menos, seré más feliz.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Entonces llegó Lakoff (y nos tocó los frames)

'Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres' (Juan 8:32.) La verdad nos hará libres. Queridos amigos, la verdad nos llevará a verdes pastos donde la primavera es eterna y las rocas manan leche y miel. Donde el sol se pone solo para dar paso a una noche sin pesadillas ni temores. La verdad os hará libres, os abrirá puertas que siempre creísteis cerradas; permitirá que alcancéis cumbres nunca antes conquistadas.

Pero Jesucristo y sus acólitos no contaban con el advenimiento de George Lakoff, de su afilada prosa y agudo ingenio. De sus análisis lingüísticos, tan significativos hoy para mi: “la verdad, por si sola, no nos hará libres”. La verdad nos encadena, nos ata a un momento, a un lugar, a un contexto y a una situación en la que algo se nos revela como cierto. Pero, a diferencia del eterno salvador, el estadounidense nos dice que no hay una sola verdad, y que cada humano, para un mismo momento, tiene una respuesta muy distinta:

“[…] and what is worse is a set of myths believed by liberals and progressives. These myths come from a good source, but they end up hurting us badly. The myth began with the Enlightment, and the first one goes like this “The truth will set us free. If we just tell people the facts, since people are basically rational beings, they’ll all reach the right conclusions” But we know from cognitive science that people do not think like that. People think in frames […] to be accepted, the truth must fit people’s frames. If the facts do not fit a frame, the frame stays and the facts bounce off. […] Is it useful to go and tell everyone what the lies are? It is not useless or harmful for us to know when they’re lying. But also remember that the truth alone will not set you free”

(Lakoff, George: pp.16-18 “How to take back public Discourse” en Don’t Think of an Elephant: Know your values and Frame the Debate. 2004 *el resaltado es mío)

¿Cómo diferenciar tu verdad de la mía? ¿Cuál tiene más valor ante un jurado popular? No hay baremos para medir el valor de la verdad, pero si vemos el poder que ese concepto ejerce día a día en los temas más banales de nuestra vida. Una madre pregunta a su hijo “Dime la verdad, ¿has roto tú el jarrón?”; un amante a su amada “¿De verdad me quieres?”; un vendedor a su clienta “Se lo juro señora, este modelo es, verdaderamente, el rey de las aspiradoras”. Millones de palabras, vallas publicitarias, discursos políticos, hechos, imágenes, pies de fotos que nos manipulan, nos usan y sacan lo mejor (o peor) de nosotros bajo el halo de realidad que el uso de la palabra verdad genera. Un resplandor que nos ciega, nos impide ver que tras los más de seis mil millones de personas que hoy habitamos el planeta Tierra, como mínimo debería haber seis mil millones de verdades.

P.D.: La verdad está, definitivamente, sobrevalorada.

jueves, 22 de julio de 2010

Perros (y dueños) salvajes

Atlántico Diario (22/07/2010) Azuza un perro pit-bull a un hombre tras un accidente

Salía de casa tan tranquila hace un rato cuando me encontré en la plaza un espectáculo, a mi entender, dantesco: Señoras sentadas en los bancos con sus labores de costura o la merienda de sus nietos, señores con su boina y su bastón, parejas jóvenes y no tan jóvenes en las terracitas de los bares, un niño corriendo de un lado a otro tras su pelota y un hombre disparándole a alguien con una pistola de agua. Todo podría ser lo típico de una barriada ideal. Pero cuando me acerqué un poco más comprobé que aquel a quien se estaba mojando no era a otro adulto, sino a un perro que estaba medio tapado entre las mesas de un bar. Un perro que en aquel momento estaba sentado, tranquilamente, con un bozal.

El dueño, aún sujetando la correa del animal (que se parecía mucho a este: ) ,

gritó amistosamente al "atacante", que desde mi ángulo de visión parecía uno de sus colegas, quien siguió rociándoles. La cosa podría haber acabado sin problema ahí, "nos tomamos unas birras y tan amigos", pero no fue es el caso. Por ese entonces yo ya había abandonado la idea de cruzar la plaza y simplemente observaba, haciendo cábalas y anotaciones mentales. El perro se levantó (o lo levantaron tirando por la correa) y su dueño le sacó el bozal. Los ladridos que entonces se escucharon en la plaza eclipsaron cualquier otro ruído de tarde veraniega. El dueño, o el de la pistola(porque ahora las voces se mezclaban con los ladridos) dijo algo, aún en tono amistoso, parecido a "A ver con quién te metes".

Yo, que soy más de gatos y no entiendo mucho de perros, me había quedado en la esquina de la plaza, intentando calcular la trayetoria del animal y la del niño de la pelota, que estaba, a mi juicio, demasiado cerca del animal, puede que incluso perteneciese a ese grupo de adultos. Finalmente me decidí a atravesar la plaza, pero en lugar de hacerlo por donde siempre, lo hice por uno de sus laterales, esquivando las mesas de los bares y al eterno borracho del tercer banco a la derecha. Cuando dejé la plaza, temiendo que los ladridos no fueran precisamente de alegría y cortesía, me paré a pensar en el dueño del animal. A ojo no aparentaba más de 30 años, vestido de sport, con gorra y puede que gafas de sol. Y sin embargo, pese a la aparente normalidad, sacó el bozal a un perro que, si lo llevaba por algo sería (aunque solo respondiera a la actual normativa) en una plaza en la que niños y ancianos pasaban tranquilamente la tarde. Y lo hizo usando además un tono que el animal podría entender como de amenaza.


No tengo perro, nunca he tenido uno, así que probablemente no entienda la relación que se establece entre dueño y animal, tampoco puedo llegar a imaginar lo que se puede pasar por la mente del can en momentos así. Pero a mi se me plantea solo una duda... Viendo todo lo que vemos todos los días en los medios, sabiendo lo que sabemos... ¿por qué?

miércoles, 7 de julio de 2010

Vida social I (antónimos)

Vivir na era da web 2.0 ten o seu aquel. Unha pode levar sorpresas en período vacacional cando dende unha (case) inhóspita aldea- por chamarlle dalgún xeito a un lugar onde quedan menos de quince persoas en varios quilómetros á redonda- abre, despois de moitos esforzos, o seu correo electrónico e atopa unha invitación para comezar a empregar as redes sociais con xente á que fai polo menos catro anos que non dirixe a palabra. A explicación máis razoable para isto é o feito de que Facebook che permite convidar a toda a túa lista de contactos de Hotmail, Yahoo e Gmail a ser os teus amigos na rede social. Ante esta situación xorden as dúas grandes preguntas do decenio: “por que agora?” e “por que a min?”. Tamén te sacoden uns espasmos estraños mentres tentas decidirte entre aceptar esa invitación, escribir un correo electrónico e esa persoa explicándolle que debería actualizar a súa libreta de contactos ou, por último, facer como se nunca tivese pasado e borrar ese email da bandexa de entrada como se se tratase de spam. Calquera das tres opcións pode ser correcta, só hai que saber escoller ben as consecuencias que se obterán do acto que decidamos levar a cabo. O único que se pode dicir que está claro dende o punto de partida é que o pasado sempre vai estar agardándonos nalgunha esquina, sen importar a cidade, para sorprendernos calquera domingo á volta da biblioteca, do quiosco ou da panadería.


A cousa remataría aí, sen máis anécdota que a dispersidade xeográfica galega e o lenta que pode ser a conexión á Internet, de non ser que, pola outra banda, a socialización tradicional dos nosos achegados de máis de setenta e cinco anos do rural ten as súas normas e regras do máis dispares. Convencións polas que un tamén debe rexerse, asimilando conceptos e situacións nas que nunca desexaría verse envolto. E todo sempre ofrecendo unha boa cunca de café ben quente e unhas pastas de té compradas hai cinco anos para ocasións deste tipo. Doces deses que non caducan nin amolecen para situacións que tampouco deixan de repetirse. Alguén a quen non esperas, que non avisou, que nin imaxinas, aparece ante a porta da túa casa para pasar a tarde contigo como se se tratara do teu irmán siamés. As anécdotas, queiras escoitalas ou non, voarán dos beizos e espallaranse sobre o mantel, esquivando como serpes as cuncas e arrincando da túa lingua réplicas que máis tarde desexarás nunca ter dado por seren demasiado íntimas. E unha, sorprendida por ter esquecido que as cousas son desta maneira e non doutra non se pode queixar. Non pode emitir lamento algún. Veño da cidade, non comprendo as rutinas, as roldas de veciños, indo de casa en casa cada tarde a botar a partida e comentando as últimas novas sobre defuntos a quen poida que ninguén dos reunidos tan sequera coñecese. Non teño dereito a interferir en rituais sociais que non pertencen ao meu tempo nin ao meu ámbito. A min os máis maiores déixanme esas trangalladas do Tuenti, do “Feisbu” e do “Tuiti”... que eles están moito máis cómodos entre cuncas de café con leite e historias de leiras, marcos e partillas.


A realidade é que sen desprazarme máis de 250 quilómetros podo estar en dous mundos totalmente diferentes, que se rozan, que se entrecruzan sen nunca mesturarse do todo. Dous mundos que non son máis que as dúas caras dunha mesma moeda, da nosa mesma moeda. Queiramos aceptalo ou non, Galicia aínda está dividida, profundamente dividida entre o rural e a cidade, entre a tradición e a máis punteira tecnoloxía, esa é a realidade da nosa comunidade, que aínda case non aprendeu que se pode manexar o rato e facer dobre click sen deixar por ilo de empregar o sacho na leira.

viernes, 25 de junio de 2010

Esperpentia

Benvidos. Pasen, non dubiden, non teman, ningún dos que está ao outro lado das rellas pode alcanzalos coas súas poutas. Poden velos, ulilos, temelos, pero non tocalos. O máximo que esas pobres ánimas poderán facer contra vostedes será berrarlles, cuspirlles ou mentarlles a todos os ancestros e baixar a todos os santos de xunto de San Pedro.

Senten, acomóndense, teñen moitas filas onde escoller. Pero teñan ben claro que na primeira as bágoas, e esputos dos seres malditos poderán alcanzalos de cheo, o que engade un alto valor ao prezo, meramente simbólico, que pagaron por esta entrada. Se vostede é un desos ao que calquera das femias da xaula lle acerta nun ollo ao cuspir chea de rabia saberá que conseguiu evitar as malas bruxas durante polo menos tres meses, ata o seguinte acto público de Esperpentia, o zoo moral do Século XXI. ¿Teñen xa todos listos os seus panos para as falsas bágoas, os seus flocos de millo e regalices? Pois abran ben os ollos, preparen os seus oídos para os máis espantosos alaridos e desfruten. ¡Que se erga o pano! ¡Que comece a función!

Marmurios, voces alzándose para non dicir máis que obviedades e necedades. Xestos obscenos que non levan a ningures. Rituais simbólicos dentro dunha vitrina que nos ailla, que nos impide actuar, nos afoga e cega. Un pasado católico apostólico romano tiránico e intransixente que se rexenera a si mesmo en cada bendición, en cada salmo cantado, en cada bafarada de incenso en plena cara, en todas as olladas empañadas a un cadaleito que non tería que estar aí. A un corpo inerte que, nunca, tería que ser deshonrado de tal maneira. Mentiras, cinismos, ironías, faladurías que a ninguén fan ben. E despois de todo iso, un home tocado de púrpura que quere facernos crer. Un ancián tremente investido dunha santidade na que case ninguén ten xa fe. Querendo facernos crer. Querendo que non perdamos a esperanza. ¿Que esperanza? Porque, ¿que vamos a agardar do futuro, do que virá, se somos nós os primeiros en virarlle a cara e negarlle a man a quen máis o necesita, a quen non é só carne da nosa carne, a quen é algo máis que un fregués ou o noso irmán? Xa non sei se é que non podo ou que non quero crer.

sábado, 17 de abril de 2010

¿Quen dice que é e que non é?

Se hai algo que me desconcerte da época na que vivimos, na que eu mesma vivo, é a dualidade entre o socialmente aceptado, o que se considera "popular" (no sentido de que o consumen "as masas") e o que se supón que tes que consumir se pertences ás clases (culturalmente falando) altas.

Non entendo, non comprendo aínda, despois de tres anos de carreira, cal é o medidor que decide que pertence á categoría de cultura de masas e que á cultura de elite ou alta cultura. Se nos guiamos polo medio de difusión, o 99% por cento do que se consume é cultura de masas, queda moi pouco espazo para a alta cultura. Se pensamos no nivel cultural do que consume, dependerá da franxa de estudos e profesión, pero tamén esa xente prende, de cando en vez, o televisor. Así que ningunha destas variables fai proba. ¿Entón? ¿Que criterio usar?

Se hai algo que ademais de non entender non soporto é que a xente non vexa que non hai só brancos e negros. A maior parte da humanidade móvese entre os grises, e iso inclúe tamén os produtos culturais que consume. Un pode ser catedrático e aínda así ver La Noria de TeleCinco, por moito que logo en público probablemente o negue. E do mesmo xeito, alguén que non le máis que a Cuore pode ver, de cando en vez, documentais sobre animais exóticos. Creo na capacidade do ser humano para poder optar entre diferentes produtos sen menosprecio duns ou doutros.

Non teño nada claro, por último, quen decide que cando un produto, independente en orixe, pasa a ser coñecido, comentado e admirado por moitos se convirte en comercial(no sentido negativo da palabra). E polo tanto debemos deixar de velo, xa que iso nos fai perder parte de esa aura que nos rodeaba, que se expresaba polas nosas aficións culturais compartidas só con uns poucos máis.

Xuroo, por moito que o penso, non o entendo. Non son capaz. Co sinxelo que sería que cada un lera, vise, escoitase o que quixese sen pensar na imaxe cultural que transmite...

domingo, 7 de marzo de 2010

¿Dónde está el límite de lo real?

Leo en el Faro de Vigo de ayer esto: Matan de hambre a su bebé por criar a otro virtual
Una pareja fue arrestada en Corea del Sur a principios de esta semana por descuidar a su bebé y dejarla morir de hambre a pesar de que, al mismo tiempo, estaban criando a una 'hija virtual', según informó este viernes la Policía surcoreana.

La pareja, residente en un suburbio en el sur de Seúl, presuntamente cometió negligencia con su hija de tres meses --prematura--, alimentándola sólo una vez al día en turnos de doce horas en el café del barrio en el que se conectaban a Internet. La Policía indicó que se llegaron a obsesionar con la crianza de una 'hija virtual'[...]



Y me quedo a cuadros, a rombos, a trapecios. Son bien conocidos los beneficios que la tecnología ha aportado a nuestras vidas, y lo aseguro yo, que pertenezco ya a esa generación a la que se lo han dado (casi) todo a través de la televisión y más tarde del ordenador. Pero es preocupante el nivel que llega a alcanzar la necesidad de estar constantemente conectado a lo que hay al otro lado de las pantallas. La obsesión y ansiedad que produce el no poder estar "en linea" la demuestran los casos de adicción a Internet, al teléfono móvil, que se han venido dando en los últimos tiempos. Casos, desde luego, cada vez más extravagantes. Y eso que no dudo que a los medios solo llegan aquellos más salvajes y estrafalarios. Porque, de toda la población surcoreana que tiene acceso a una de las redes de banda ancha más rápidas del mundo dudo que el 95% desarrolle ese desinterés y esa apatía por lo que sucede fuera de su ventanita.

Pero aunque solo los casos más extremos lleguen a ser conocidos en Europa, es preocupante. ¿En qué momento uno pierde el interés por lo que sucede en su vida "real" y pasa a valorar solo lo "virtual"? ¿Son casos como el de esta pareja el síntoma de algo más grave que se esconde detrás de la velocidad del tiempo en que vivimos?. A veces me pregunto si todos esos escritores de ciencia ficción apocalípticos, que predecían el dominio de las máquinas sobre la vida humana, no habrán sido unos visionarios. Y es que, en este momento, dependemos de nuestros ordenadores, de nuestra conexión a Internet, de nuestro teléfono móvil (probablemente único sitio donde tenemos almacenados toda nuestra agenda de teléfonos y direcciones de e-mail), de nuestros pen drives o discos duros externos... para sobrevivir día a día. Sin embargo, si mañana quisiéramos empezar una revolución pacífica, apagar nuestros ordenadores, desconectar nuestros teléfonos móviles y vivir con menos stress tecnológico tampoco sería posible, hemos llegado a la dependencia (casi) total. Y eso me asusta. ¿Estamos viviendo, sin saberlo, ya en Matrix?

lunes, 22 de febrero de 2010

Lo normal (búsqueda de las 7 diferencias)

Un local pequeño, por no decir exiguo, lleno de gente, de humo (de a saber qué substancia), de sudor. De personas que tropiezan contigo cuando intentan pasar hacia el baño en el que no podrán entrar debido a la cola. De personas que te pisan, te dan codazos, te vacían sus bebidas por encima. De tios y tías que para intentar hablar contigo tienen que acercarse más de lo que en toda su vida se ha acercado a ti tu madre. La música, demasiado alta. Reggaeton, Rihana, Beyoncé, el último dj de moda y otra vez Beyonce. Si te subes a bailar a la tarima porque te subes a bailar a la tarima. Si no te subes a bailar a la tarima porque no te subes. Te pisan otra vez. Te vacían un ron con cola por el vestido de lentejuelas que todo el mundo lleva este mes. Te hartas y te largas.


Un local pequeño, por no decir exiguo, lleno de gente, de humo (de a saber qué substancia), de sudor. De personas que tropiezan contigo cuando intentan pasar hacia el baño en el que no podrán entrar debido a la cola. De personas que te pisan, te dan codazos, te vacían sus cervezas encima. De tíos y tías que para intentar hablar contigo tienen que acercarse más de lo que en toda su vida se ha acercado a ti tu madre. La música, demasiado alta. Ska, hip-hop, rock español, música alternativa con mensaje filosófico profundo. Si saltas porque saltas. Si no saltas porque no saltas. Te pisan otra vez. Te vacían un licor café por encima de la palestina que todo el mundo lleva esta semana. Te hartas y te largas.


¿Encuentras las siete diferencias? Yo desde luego no.

martes, 9 de febrero de 2010

"Clic"


-->
Non é tan difícil perder o control. Non son tan poucas as probabilidades de que nos suceda a calquera de nós. O número de sociópatas no mundo globalizado de hoxe non é tan pequeno, parece que aumenta proporcionalmente, como mínimo, ao crecemento da poboación. ¿Que sucede dentro da nosa cabeza? ¿En que parte do cerebro se esconde o problema que desencadea o tsunami? ¿Somos todos potenciais asasinos en serie e non o sabemos? Parece que todos camiñemos pola vida con un detonador escondido dentro da cabeza, ben profundo, alí onde non podemos chegar nin querendo. E de súpeto, un día, algo, alguén, poida que sen querer, atopa o noso botón vermello e desata á fera. E ruximos. Ou non. Calamos e observamos. E logo actuamos. Sen falar sequera. Sen dar a máis mínima explicación. E nada pode deternos, ninguén se atreve a intentalo. Só nos parará unha andanada de balas disparadas dende posicións vantaxosas ás que o noso rifle, a nosa pistola, nunca poderá chegar. Aí acaba todo. Despois virán os titulares, os especiais de televisión, os psicólogos que nunca falaron con nós e nos coñecen como se nos parisen. Pasaran os anos e farán películas, libros e cancións sobre o noso caso. O mercado non ten piedade nin conciencia.
Se alguén preguntara á xente que nos rodeaba, esta aseguraría que eramos persoas “normais”. ¿Quen diaños é normal cando un día esperta e decide que vai matar a todos os que viven no seu bloque de edificios? Nos medios falarase de familias desestruturadas, de tensións internas, de abusos cando un era neno que deixaron unha pegada invisible. E pese a todo ninguén saberá que foi o que sucedeu dentro da nosa cabeza. Ninguén chegará a coñecer que fixo sonar ese “clic” que cambiou o noso mundo e o transformou nunha tormenta vermella. Especularase. Disertarase. Discutirase o tema. Pero aínda agora, xa na segunda década do século XXI, non sabemos porqué sucede. Non sabemos se é a acumulación de medos e danos ou un simple curtocircuíto mental que nos funde os miolos unha noite. Dende sempre houbo xente que unha mañá decidía facer desaparecer da terra a todos aqueles que consideraba non merecían estar nela. Tamén houbo quen nunca se sentiu parte do grupo, do mundo en que alguén alleo decidiu que lle tocara vivir, e preferiu abandonalo antes de tempo, pero sen levar a ninguén máis por diante. Pero nunca como agora, como dende o século XX, se xuntaran as vontades desquiciadas con unha tecnoloxía que multiplicase por cen o resultado dos seus actos e nos deixasen sen as xeracións máis novas, aquelas que se supoñía ían ser os líderes do mañá. Podemos botarlle a culpa ao stress, á vida moderna, ás presións por ser os mellores en todo momento, sobre calquera outro, á falta de atención dos nosos pais, á necesidade de vivir nun grupo e ao mesmo tempo ser o líder del. Podemos alegar cento e un motivos, pero o máis seguro é que nos esteamos enganando, divagando sen chegar ao punto clave. E é que en calquera momento, en calquera de nós, pode soar ese “clic” que de seguro nos condenará.
La locura comienza cuando uno ya no puede ver las suturas que mantienen unido al mundo

(Rabia, Stephen King)

Jeremy- Pearl Jam 

domingo, 17 de enero de 2010

Haití, ¿onde está Haití?

Haití está devastado, eso sabémolo ben, a todas horas os medios nos bombardean con datos sobre o tráxico final do terremoto da semana pasada. Xa somos capaces ata de ver en GoogleMaps a nova fisionomía do terreo, cando aínda quedan centos de corpos baixo os cascallos parece máis macabro do que xa é.


Que sinxelo é moralmente dar agora cobertura mediática á illa, analizar as causas do terremoto, temer que sexa froito do quecemento global e doar miles de euros dende Europa recadados en telemaratóns solidarios. Só con iso quedamos ben contentos con nós mesmos. Somos os bos, os europeos que están aí para solucionar os males dos pobriños haitianos. ¿Pero que pasou en Haití entre a situación de excepción de 2004 e o movemento de terras deste xaneiro?¿Onde estiveron os nosos políticos, aqueles que representan a voz da cidadanía, nese tempo? ¿Alguén sabía algo de Haití se non estaba involucrado directamente coa illa? Haití non existía nos medios, non existía para ninguén que estivera a máis de 600 quilómetros da illa. Para nós, o resto do mundo occidental, era só un punto de cor no mapamundi, iso cando nos preocupábamos de mirar ao Caribe, que nada que non fora Cuba nos chamaba a atención.


A xente da rúa, polo menos, poida que non recorde que Haití xa estaba devastado dende hai anos, que no 2007 ocupaba o posto 150 (de 177) no Índice de Desenvolvemento Humano (IDH) calculado pola ONU¿Pero que non o souberan os nosos políticos? Iso si que é delito. Unha axuda económica puntual non poderá nunca facer desaparecer problemas sociais e políticos que sofre o país. E parece que se nós sabemos iso, non nos importa o máis mínimo. Haití era, é, e seguirá sendo a pesar das axudas que agora solidariamente doamos, un dos países máis pobres non só do continente americano, senón do mundo enteiro. As ONGS que ata o momento traballaban alí sen case posibilidades seguirano facendo só mentres podan e é que as axudas económicas da Nai Europa non son inesgotables. Os centos de miles de euros destinados á illa pasarán a ser un mero recordo nuns meses, no momento en que non haxa máis imaxes que retransmitir, máis berros desesperados dos que perderon aos seus fillos na catástrofe. E a nós daranos o mesmo porque xa non terá importancia, nós xa fixemos todo o que puidemos, xa doamos para o telemaratón de Antena3, agora que se apañen eles. É o conto de sempre. O que non sae nos medios non existe. Sabemos que Afganistan non está aínda en paz porque cada cinco días hai un atentado que nos recorda que alí seguen a morrer de fame e de pobreza. Outro tanto pasa con Somalia, ¿importáballe a alguén o corno de África antes de que os barcos que faenaban no Índico estiveran ameazados polos piratas?. E así os exemplos poderían ser centos, millóns de persoas que viven na pobreza e dos que nós ignoramos, deliberadamente, a súa existencia.


Os medios de comunicación, aqueles que xurdiron para dar a coñecer o mundo aos cidadáns, para manternos informados, na actualidade xa en tempo real, do que sucede, para unirnos e non para vender o noso tempo ás axencias publicitarias, son en gran medida culpables desta onda de noticias, máis macabras que solidarias, se o pensamos en profundidade. Pero non sexamos inxenuos, a culpa non é só dos medios, todos temos a nosa parte da que sentirnos avergonzados, porque os medios están feitos por persoas coma nós. E nós, cando os medios deixen de falar de Haití, tamén deixaremos de pedir que o fagan.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Infancia tecnolóxica

Cando eu era cativa o neno máis tecnoloxizado era aquel que tiña un ladrillo de gameboy en branco en negro. Así que foi pasando o tempo, apareceu a versión en cor, moito máis pequena e versátil. Pero aínda así fomos moitos os que non tivemos ningunha, que xogabamos con ela grazas á xenerosidade dos nos compañeiros e amigos. Eu nunca tiven tampouco unha desas videoconsolas que se enchufaban ao televisor, a única á que xoguei era do meu primo maior e vagamente creo recordar que era unha Sega que funcionaba aínda con cartuchos. Aquelo sería a mediados dos '90... dende ahí os meus primos pequenos foron mercando máquinas máis potentes e con máis posibilidades. Eu só as cheguei a ver na súa casa, nunca chegaron á miña. A min todos os nadais regalábanme libros que eu devoraba con avidez. Non botei de menos nunca ningún desos aparatos, non me facían falla para entreterme.

O meu primeiro ordenador de mesa funcionaba en MS-DOS, era de cuarta man e o pobre soportou que trasteara con el polo menos un par de anos que seguro que se lle fixeron moi longos tratándose de min. Traballar co procesador de textos, coa calculadora e co Paint (se non me traizoa a memoria) era o máis emocionante que eu sabía facer. Hoxe a miña prima máis pequena, que ten trece anos, ten un ordenador de mesa, probablemente tamén un portátil, máis de unha videoconsola portátil, unha longa lista de videoconsolas de salón, un móbil de última xeneración, unha cámara de fotos dixital, acceso a internet na casa e perfil en máis dunha rede social...


O meu primeiro teléfono móbil chegou aos quince anos. Só me deixaba facer chamadas e recibir e enviar mensaxes. Foi case máis un castigo ca unha bendición. Era a miña responsabilidade telo aceso para que meus pais puideran saber onde estaba. Nunca lle din máis uso que chamar a miña nai para decirlle que estaba chegando á casa cando a miña hora de volta eran aínda as nove da tarde. Aínda hoxe, tras cambiar de teléfono dúas veces por necesidades técnicas teñoo sempre tirado no fondo dalgunha mochila, co son silenciado e case sen batería. Empregoo só para chamar á casa e contarlle a meus pais como me vai a semana. Nadia ten tamén trece anos e fai polo menos catro que teño o seu número. A ela tamén a obrigaron a ter un móbil para estar en contacto coa súa nai, case nen o usa. Pola contra, Lucas, cos mesmos trece anos xa cambiou de teléfono unhas cinco ou seis veces dende que o coñezo. Cada vez que o vexo preguntame se eu xa cambiei o meu. Que se está vello, que se estou feita unha carca... El e máis eu non podemos ser máis opostos no seu uso. Eu deixoo tirado en calquera esquina, el non o apaga nin á hora de durmir. Lucas ten tamén un perfil nas redes sociais, chatea conmigo a menudo e atopámonos máis no Tuenti ou no MSN que en persoa. Estanos podendo o contacto cibernético.

Helena ten só nove anos e envíame correos electrónicos polo menos unha vez á semana dende a súa propia conta de Hotmail. Fai xa tempo que ten unha cámara de fotos dixital e este verán regaláronlle unha nova de 1o megapixeles. A miña primeira cámara dixital compacta foi emprestada, roubáballa a meu pai cando el non a precisaba, non sei cantos megapixeles tería pero só permitía darlle ao obturador. A segunda, a que aínda teño, ten tres anos e de tanto empregala as véces xa nin sae o obxectivo. Helena non fai practicamente fotos, pero sabe que ten a súa cámara para poder subir os seus primeiros planos a Tuenti, Fotolog ou Facebook en canto teña (se é que non ten xa) unha conta.


Non vou a decir que a tecnoloxía é mala cando sei que eu comecei a usala sendo relativamente nova, e é que a conexión a Internet, vía liña telefónica, chegou á miña casa cando tiña catorce ou quince anos. Das miñas amigas fun das primeiras en bucear pola rede, en ter correo electrónico, un blog ou unha conta nun foro de discusión. Non obstante, pese a que eu tamén entrei no mundo da tecnoloxía sendo nova, ás veces entristéceme pensar en todos esos nenos que agora non saen ao parque porque o verde do campo de calquera xogo da PlayStation 3 é máis brillante, que non baixan á praza a falar porque é máis cómodo usar os emoticonos do messenger, e que saben da vida dos seus amigos a través do Twitter, do Facebook, do Fotolog ou do Tuenti. Non é só que crea que están perdendo unha das cousas máis preciadas que temos cando estamos crecendo, a infancia. Non. Preocúpame tamén esa precocidade no uso tecnolóxico debido a que con doce anos non coñeces, casos excepcionais haberá, os límites entre o público e o privado. O perigo que un mal uso de Internet pode xerar, as consecuencias que pode ter deixar todos os teus datos nun perfil totalmente aberto dunha rede social mundial é na maior parte descoñecido e nunca mencionado nas mensaxes públicas no tablón dos teus contactos. Non tes consciencia de que todo o que fagas, digas ou publiques en Internet quedará ahí per saecula saeculorum e repercutirá no teu futuro ao mellor non tan lonxano.


Non creo que limitar a idade de uso de según que gadgets e tecnoloxías sexa a solución. Pero si vexo moi necesario que os pais pasen máis tempo cos seus fillos, que os saquen a pasear, a ver as bolboretas, as vacas ou os cabalos e non só a través do Discovery Channel. Que os rapaces sigan saíndo ao recreo co seu bocadillo, de chorizo, de nocilla, igual me dá, a xogar ao balón ou á pita. A tecnoloxía é útil se se fai uso razonable dela. Non podemos criminalizar a Internet polo que está a suceder hoxe no mundo sen pensar que a rede é creada e empregada polos usuarios.

Antes os nenos viñamos ao mundo cunha bola de pan baixo o brazo, hoxe nacen con un disco duro externo de 500 Gb... ás veces preguntome se tanta evolución tecnolóxica e tanta pantalla plana é boa cando de criar ás futuras xeracións se trata.

domingo, 18 de octubre de 2009

Periodismo cidadán- ¿Somos necesarios os xornalistas?

Hoxe en día calquera persoa que dispoña dunha cámara dixital (que habitualmente tamén grava videos) e dun ordenador con conexión a internet pode publicar noticias. Son moitos os bloggers que se dedican a dar testimonio do que os rodea, engadindo documentos gráficos dos feitos. O dereito á libre información é unha cuestión de vital importancia que non se ve respetada en numerosos países, polo cal é importante a concienciación do cidadán medio sobre a realidade que nos rodea. En momentos en que a prensa tradicional (entendida como os medios de comunicación de cada país) non é quen de facer valer este dereito por diversos motivos, é innegable o valor da información que achega o cidadán.

Pero, ¿existe algunha capacitación mínima que deba ter aquel que desexa informar?¿Onde quedan os xornalistas de sempre? ¿Debería haber algunha diferencia entre quen ten o título, e a profesión, de xornalista e quen sae da súa casa e case por azar grava un accidente, unha onda xigantesca ou un ataque a un sen teito? Sen crer padecer de titulitis, considero que facerte eco dun acontecemento e colgalo no teu blog non te convirte por si mesmo en xornalista. E é que puideches perder o principio do feito, ou entendelo de forma distinta a como sucedeu, e o que colgues na rede será o que os demáis crean que pasou se é que deciden non buscar outras informacións sobre o mesmo. Os xornalistas deben non só describir os feitos senón dar aos lectores, espectadores e oíntes, as ferramentas, os mecanismos para comprender o que subxace detráis do que se ve. Á hora de publicar unha noticia non só interesa o que vemos, que habitualmente non sirve para entender o que está a suceder. É o traballo do xornalista o investigar as causas, as conexións co pasado e contextualizar o feito. Sen opinar sobre se está ben ou está mal, iso faráo o lector.


Internet revolucionou o mundo das comunicacións, das relacións, e con elo tamén da información. O xornalismo cidadán é sen dúbida un paso adiante, permítenos ver, oír, o que sucede practicamente no momento que ocorre cando os outros medios están silenciados. Pero non sempre nos axuda a comprendelo. Isto é o que diferencia esta práctica do xornalismo entendido á maneira tradicional (en medios máis ou menos tradicionais).

¿Colaboración cidadá co aporte de información en tempo real? Si. Sen dúbida. Para min a información non é cuestión de minorías elitistas.

¿Xornalismo cidadán? Con matices, ¿Entendido como única fonte de información e dotado do valor de verdade absoluta? Non.

jueves, 5 de marzo de 2009

Cambiarás de muiñeiro...

Somos novos, din que a forza do cambio. Soñamos, proclamamos en voz ben alta os nosos ideais dun mundo máis xusto. Pero, en xeral, pertencemos a esa caste dos indecisos. Os nados a fins dos anos oitenta temos vivido o suficiente como para saber o que non queremos, pero fáltanos a experiencia necesaria para discernir, entre tanto blablabla político, quen minte un pouco menos.

A televisión, os xornais e a publicidade desinfórmannos con todas esas mensaxes contraditorias que nos ofrecen a diario. Mentres nos exaltan as virtudes dos grupos políticos maioritarios en cada seu espazo electoral, véndenos un aparato de ximnasia para lograr uns abdominais de ferro ou unhas pernas de infarto. Deste xeito, ¿como diferenciar unha campaña política dunha estratexia puramente publicitaria, encamiñada a que flúan os nosos cartos cara as súas contas bancarias?. A nosa confusión ten, dende logo, moita lóxica.

Aos desta xeración o de correr diante dos grises quédanos un pouco lonxe, pero fomos nós quen nos manifestamos durante o afundimento do Prestige, contra a guerra en Irak ou os incendios dos montes galegos no verán do 2006. Contra din os nosos pais acerca da desmobilización xuvenil, aseguramos que non é falta de interese político. O que nos afecta é o sentimento desegradable de que as plataformas existentes non nos representan como deberían. É certo que moitos mozos galegos teñen ben claras as súas intencións políticas, e polo tanto o seu voto. Pero tamén existimos aqueles que non temos a capacidade de ver valores humanos detrás dunha xestión irresponsable por parte dos gobernos que nos representaron ao longo da nosa curta historia.

Haberá quen nos chame escépticos, desencantados, chaqueteiros, ou asegure que non vivimos no mundo real. Pero a experiencia política dos nosos case vinte anos de existencia só nos deixou unha cousa en claro: cambiarás de muiñeiro, pero non de estafador...